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Los Alpes dominicanos

Al penetrar en el país hacia el sur, a unos 90 minutos de Puerto Plata, se llega derecho al alma escarpada de la República Dominicana: la Cordillera Central y el Valle de Cibao. En esta “Tierra de la Eterna Primavera”, pródigas planicies aluviales separan las tres montañas más elevadas de las Antillas, mientras que no menos de 18 cascadas se precipitan a los profundos abismos que atraviesan la tierra rica y fértil. Plantaciones de café y de tabaco agracian la región en propiedad de familias que desde hace muchas generaciones se han dedicado a cultivar estos dos productos de exportación claves de la República Dominicana. Se ha dicho que la capa superior del suelo en esta región es de las más gruesas en todo el mundo, y las tierras de labranza —con sus ricas cosechas de manzana, melocotón y fresa— han contribuido a consolidar la reputación de la isla como el granero del Caribe. Son pocos los turistas que viajan al interior del país, pero quienes lo hacen descubren un edén de fácil acceso lejos del mundanal ruido.

En el corazón del área, los ríos Yaque del Norte y Jimenoa confluyen en las afueras de un pequeño poblado llamado Jarabacoa, palabra taína que significa "el lugar donde el agua huye". El pueblo mismo se distingue por su ambiente informal y cuenta con pequeños hoteles y un número sorprendentemente alto de buenos restaurantes que sirven la comida local a precios razonables. Sin embargo, los turistas ecológicos acuden atraídos por la idea de divertirse en el aire más fresco, perfumado por el aroma de los pinos caribeños, de las elevadas montañas circundantes.

El campamento base para estos vacacionistas activos es el Rancho Baiguate, una posada de montaña y centro de aventuras que hierve de jóvenes y viejos buscadores de adrenalina de todo el mundo. Todos los días un sinnúmero de grupos se dispersan en el paisaje a fin de bajar los rápidos, navegar en canoa, montar a caballo, subirse a una moto de cuatro ruedas, descender los cañones en rappel y andar en bicicleta de montaña. Y quienes realmente aman la vida al aire libre pueden partir de aquí en excursiones de tres días hasta la cima del Pico Duarte, entre los meses de noviembre y marzo.

Quienes prefieren no llegar a tales extremos pueden visitar los parques nacionales Armando Bermúdez y José Carmen Ramírez hacia el oeste, con su apabullante mezcla de flora entre la que destacan las muchas variedades de orquídeas y bromelias. Además, en toda la isla se han observado más de 250 especies distintas de aves, y es posible apreciar más de la mitad en estos dos parques. Los guías especializados le señalarán aves nativas como el chicui, el zumbador de las montañas, el papagayo y la cotorra.

Los hoteles en la costa norte y en la sur le pueden organizar diferentes tipos de excursiones a Jarabacoa. Hasta puede dividir sus vacaciones en dos y disfrutar parte en la playa y parte en las cumbres. Sea cual fuere su preferencia, el área de los Alpes Dominicanos ofrece una experiencia única en todo el Caribe.

LO QUE NO SE PUEDE PERDER

  • Visite uno de las cascadas locales para nadar en las pozas naturales debajo de ellas. El salto Baiguate es uno de las mejores. Para llegar a ella se bordea la orilla de una larga barranca que ofrece bonitas vistas.
  • Baje los rápidos del río sobre unas grandes balsas inflables con capacidad hasta para 12 personas. Las excursiones son dirigidas por un guía que indica el camino y saca del agua a cualquiera que llegue a caerse.
  • Visite los restaurantes del pueblo, como El Rancho, donde se sirve de todo, desde pizza hasta pulpo sofrito o pollo relleno de plátano amarillo al horno.
  • Fume un grueso cigarro dominicano en la cima de una montaña. Los puros de las fábricas que hay en los alrededores de Santiago no le envidian nada a los mejores de Cuba. Si desea puede sustituir el puro por una taza de café del lugar.
  • Deténgase. Simplemente deténgase a oler los enebros. El Valle de Cibao es una obra maestra de la naturaleza.

Fotos cortesía del Ministerio de Turismo de la República Dominicana

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