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Nuestra pasión nacional A los dominicanos nos encanta cantar y bailar merengue, no importa la ocasión. Quizás sea gracias a nuestra herencia taína, cuyo amor por la música y el folclor ha recorrido generación tras generación y sigue viva hasta el sol de hoy. Desde bebés nos arrullan nuestras madres y abuelas con canciones de cuna. En el jardín de niños lo apredemos todo a coro. En la escuela elemental cantamos los diferentes himnos a nuestra patria y nuestros héroes. Cada viernes, los niños atienden clases de arte donde bailan, cantan, dibujan o escriben poesías. Todo esto resurge en nuestras vidas al pasar de los años cuando nos enamoramos y le llevamos una serenata a la dueña de nuestro corazón. Y, claro está, el baile es parte del cortejo. De jóvenes intentamos atraer la atención de las chicas en la pista de baile. Ahí es donde encontramos a la bailarina perfecta que siga nuestros pasos y vueltas y sienta nuestro ritmo. Nosotros los dominicanos bailamos merengue siempre que salimos. Es nuestra música nacional (además de nuestra pasión) y es parte íntegra del estilo de vida dominicano. La música la traemos en la sangre y es nuestra mejor y más auténtica expresión de júbilo. El merengue tiene raíces muy variadas: nació de los taínos, los franceses, los españoles y los africanos. No es difícil de aprender y muchos hoteles en la República Dominicana ofrecen clases a sus invitados. Nos encanta la fiesta La noche comienza en casa, donde nuestras esposas muestran su destreza culinaria con algún plato fuerte, como un asopao (sopa espesa con carne o marisco). Los clubes nocturnos abren a las 11 de la noche, excepto los domingos, pero no comienza el baile hasta ya pasada la medianoche, especialmente si antes paramos en el casino. Esta es una nueva distracción para nosotros, pero nos gusta jugar al blackjack, la ruleta, el póker y las máquinas. Y no crea que la noche termina luego del baile. Siempre regresamos a casa de alguien o paramos en el malecón, ese hermoso paseo a la orilla del mar que ostenta toda ciudad costera: Santo Domingo, Samaná, Barahona, San Pedro de Macorís y Puerto Plata, todos tienen uno. Les decimos las discotecas al aire libre más grandes del mundo. Aquí es donde celebramos los carnavales como el Festival del Merengue. El malecón mismo es todo un espectáculo, gracias a su vista al mar, su brisa fresca y los diferentes atractivos que marcan cada paso. Disfrutamos de él todo el año. Para nosotros es una de las mejores fuentes de entretenimiento y la que une a todo tipo de gente para bailar, cantar y conversar la noche entera.
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